
el estilo Baby Doll se extiende desde la nueva cuna de la moda, Tokio
La moda está en todas partes eso es verdad, pero hay quien la sabe ver y quien no. Son gente muy escogida, gente con la through vision que la llamo yo, porque se toman al libertad de mirar más alla en el terreno del estilo. Son lo que hoy conocemos como cool hunters o cazadores de tendencias. Van por ahí mirando por las calles, entran en tiendas de chico y de chica indistintamente y no sólo de los grandes centros de la moda mundial como Fifth avenue o el mismo Fuencarral, en Madrid, sino que son los encargados de buscarse los sitios más recónditos del mundo para ir a buscar moda. Tokio es su última meca y los países árabes son otra de las grandes fortunas de cadenas como Zara. Bastantes Zaras de estos países, se toman tan en serio las costumbres de sus gentes que hay ciudades donde las tiendas se cierran cada hora para respetar la hora de la oración.
Vista la exquisitez del trato , no es de extrañar que las empresas se empeñen sobre manera en encontrar personas con una capacidad de observación extraordinaria que nos digan lo que se lleva en la calle y luego lo desarrollen con los dieseñadores. El fenómeno Baby Doll, tan extendido en Japón, nunca hubiera llegado a nuestros oídos sin los Cool Hunters. Son empleados pero no tienen empleo. Su trabajo es ser distintos, distinguir lo que es moda de lo que no, conseguir que un diseño de falda por la rodilla sea un éxito de ventas en la India y en definitiva, sacar del apuro a los diseñadores que suben al olimpo de los tejidos de oro y terciopelo y se olvidan de lo que realmente le hace importantes, sus compradores. Y vivimos en la Tierra.




