
Karl Lagerfeld es considerado uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX
Cuando tenía cinco años cayó en sus manos una pintura que Adolph Menzel pintó en 1852 en la que aparecen nobles ingleses sentados alrededor de una mesa redonda coronada por una lámpara majestuosa que charlaban animadamente y se dijo: “así es como el mundo debe ser”.
Está acostumbrado al lujo desde pequeño: y es que nació en una masión en Elbe River que pagó el advenimiento divino de su padre, al que se le ocurrió introducir la leche en polvo en Alemania. Desde siempre le gustó el arte y comenzó como diseñador independiente para firmas como Chanel, Chloé, Fendi…Pero eso no impidió que viviera toda su juventud obsesionado con su musa consagrada: Cocó. Todo empezó con una polaroid que consiguió de ella en un defile y que le firmó.
Su carrera meteórica ha ido acompasada por al grandes extravagancias que el diseñador ha exhibido siempre: Le gusta viajar sólo con su Goyard Suitcase y aunque esto no es demasiado extravangante sí que lo es que renovara un hotel de lujo más de cinco veces, comprara una mansión en Lee Mee llena de muebles de Poiret, llene una apartamento en Berlín de esculturas de Oskar Schlemmer, o que posea una mansión en Hasburgo que inspiró hasta un libro.
Pero no se levanten aún, porque el Káiser de la moda posee también un apartamento en el Quai Voltaire de París y por si fuera poco adelgazó 36 kilos en 7 meses para poder ponerse ropa de Hedi Slimane. Sobre esto, como no podía ser de otra forma, se escribió hasta un libro: “La dieta de Karl Lagerfeld”, de Jean Claude Houdret. ¿Alguien da más?



