fábula antropomórfica sobre Carolina Herrera

21 11 2008
Carolina Herrera de joven

Carolina Herrera de joven

Veo una recepción de un hotel. Los colores de las columnas que acompañan el pasillo del hall son de mármol negro y el suelo, también de mármol, es tan brillante que puedes pintarte los labios mirándote en él. Hay una recepción importante, con altos cargos…Abundan las chaquetas y las bufandas de rayas; así como los fulares para señora, siempre en colores crudos con la intención de no constituir la innecesaria nota de color en un evento tan serio. Las mujeres son las mujeres de los hombres. No tienen un papel determinado y no se conocen entre sí. Sólo se miran las unas a las otras, sin decir nada, ni siquiera a sus maridos. Evalúan cada aspecto de la otra y no tanto para auto convencerse de su clase, ni para devaluar a su contraria, sino más bien para aprender. Es como si cada una de ellas se hubiera dado cuenta que no tiene demasiado sentido pensar mal de una apariencia ajena si no tienes a nadie con quien criticarla. Y sus maridos no están por la labor.
Lo único que pueden hacer, por tanto, es cuidar de que el traje quede perfecto, que la falda de talle alto no sobrepase el botón de la americana o que no se vea la parte arrugada de esa camisa que se convierte en un buruño de seda invisible cuando se entierra tras la falda. Pero el hecho de que sólo se ocupen de ello no les hace sentirse superficiales, ni simples…todo lo contrario, se sienten guapas y precisas. Es justamente ese cuidado por su apariencia, por la elegancia y la sobriedad lo que las mantiene cuerdas. Sin saber por qué cada una entiende a la otra mientras asienten con la cabeza cuando sus maridos bromean. En un ejercicio de impresionante audacia, son capaces de reír y estar pendientes de humedecer usualmente la boca para que no se quede la marca del pintalabios en los dientes al parar de sonreír.
Una de las azafatas pasa repartiendo champaña y el pañuelo que llevaba al cuello cae. Una de las señoras se agacha doblando levemente las rodillas, coge el pañuelo y lo mira. Con suavidad y una amplia sonrisa le dice que le encanta el pañuelo y, cuando se lo va a enrollar de nuevo en el cuello a la azafata, la cual tiene la bandeja en las manos, ésta se aparta, sonríe y dice: “Se lo doy”. Cuando la azafata se aleja, la mujer queda con el pañuelo de satén rojo en la mano, lo frota contra su mano para sentir el tacto y se lo coloca en el cuello. Es consciente de que está prohibido; que aquél rojo, en esa tesitura, resulta extravagante e incluso inapropiado; pero es suave, refinado y señero. Lo toca orgullosa y siente su lisura otra vez. Es de Carolina Herrera.





Cómo se ve y cómo vemos Carolina Herrera

31 10 2008
La diseñadora Carolina Herrera tras el desfile de su última colección

la diseñadora Carolina Herrera despuñes del último desfile de us colección

Cómo se ve Carolina Herrera :es una empresa coqueta y así es como le gusta mostrarse: desde sus escaparates hasta el excelente trato hacia el cliente, todo está pensado para agradar. En mi opinión, su filosofía de empresa es la de ser honrada. Transmite valores familiares en todas sus facetas (de hecho es la hija de la propia Carolina Herrera la modelo principal de la marca). Porque la diseñadora y hacedora de la marca lo ha decidido así. Una mujer independiente que, a pesar de venir de una familia acomodada desarrolla la elegancia de forma espontánea, natural y personalísima. Y así es su marca, independiente. No sigue las tendencias de las grandes pasarelas sino que se mantiene fiel a un estilo porque lo que prima es el cliente y en él es donde debe verse reflejada.

Pero más allá de la visión maternal que posee la marca, a través de la propia expresión del amor materno-filial entre Carolina Herrera y su hija Carolina Adriana, está la internacionalización. No es baladí como otras marcas que han desarrollado un estúpido autocontrol geográfico resignando únicamente a América o incluso a España sólo porque funcionan en la élite de los ya pasados círculos taurinos o cazadores. Carolina Herrera sabe que no es la solución y no sólo viste a grandes estrellas a nivel mundial sino que encima su base, aunque en España apenas se conozca, es Carolina Herrera New York. Esto no se lo pueden permitir todas las marcas. Es muy duro para una marca de este tipo abrir mercado en un país tan difícil de convencer como España ya que corres el riesgo de confundir tu línea de diseño y hasta tu filosofía. Hay que tener cuidado, pero CH también tira de imagen propia para esto y en mi opinión, se sitúa a sí misma por encima del resto de marcas. Por eso no sigue estrictamente las tendencias, ni se ha vuelto comercial, ni recurre a la extravagancia. En su página Web, de hecho, no dice absolutamente nada sobre su filosofía de empresa o su imagen corporativa siquiera. Porque es consciente de que para una marca cuya base es la sobriedad sofisticada, la externalización evidente de ésta resulta burda y de hecho, la anularía. Es como decir: “Puede que no me defina a mí misma en ningún sitio, pero para entenderme sólo tienes que ir a una de mis tiendas”. Y yo, voy.

Cómo ve el público Carolina Herrera: Soy clienta de Carolina Herrera desde hace muchos años. Mi padre es un auténtico enamorado de la marca y de la diseñadora y me lo inculcó con paciencia y también con caprichos. Es por tanto, una marca con la que he crecido, con lo que mi expresión podrá resultar cuanto menos parcial.
No podría analizar de ningún modo la visión general de Carolina Herrera, pero sí puedo hablar desde mi experiencia porque por suerte he podido estar en tres lugares donde la empresa tiene mucha fuerza: Nueva York, Londres y Madrid. La diferencia principal entre las tres ciudades en cuanto al concepto de moda en general ya es abrumadora. Pero, por lo que yo he observado, el umbral se abre sobre todo entre el público Americano y el Europeo. Seamos sinceros, los americanos tienen un concepto de la moda que se queda en los albores de la edad media estilística en comparación con el europeo. Pero son muy buenos vendiendo de todo.
CH en América es parte de una cultura sobre la moda que hace grande al nuevo continente pero que no se viste por el vulgo, por decirlo así; o sea, triunfan las fragancias y los complementos.

En Inglaterra, sigue en los armarios de la mayor parte de la aristocracia londinense (aunque también de los esnobs y de algún otro avanzado en la materia), donde, a través de la publicidad los mantiene, y bien que hace pues ya sabemos lo complicado que es entrar en las mente de ese nuevo Londres que ha resurgido en el siglo XXI fruto de la cultura british de los 60 y que siempre tira más de mercadillo.

En cuanto a España, sigue teniendo una imagen quizás abnegada a los ya citados círculos taurinos y de la caza, pero más bien para ellos, porque para los que no pertenecemos a tales (ni ganas), la marca sigue superando a su clientela tradicional. Está abriendo mentes y mercados y vistiendo con sofisticación a las mujeres y hombres (muy importantes estos últimos para la marca) con un sello de distinción muy ensalzado, y con razón.