Guía para sobrevivir con elegancia en Milán. Capítulo 1: Belleza macabra

29 10 2009
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galleria Vittorio Enmanualle, Milán

Es peligroso enamorarse de una ciudad como Milán. No es más que una ciudad espejismo. La gente se obsesiona con ella como se obsesiona con una amor de verano. Las muchachas salen a la calle entusiasmadas con sus faldas de algodon de American Apparel amarradas al talle alto con un cinturon de lentejuelas de Zara para pasearse con cierta dignidad por el Quadrilatero D´Oro. Es complicado mantener la seguridad en un misma en una ciudad donde la especialidad de la gente es pasear una autoestima inflada que resguardan del frio con abrigos de piel de 15.000 euros de Gucci. Pero, ¿qué hay detrás?. Os pondré un ejemplo. He llegado aquí con la mentalidad de ser una estudiante. Había trabajado de modelo (si es que se le puede llamar así) en España. Lo cierto es que ni siquiera me ofrecieron continuar en una agencia aquí en Milán mientras durara mi erasmus. Yo sabía bien por qué: soy gorda y bajita. Sí, es mi triste realidad, mido 1,76 y peso 60 kilos…y soy gorda y bajita. Pero la pura verdad es que me dio igual. No quiero ser modelo y no me interesaba ni mucho menos seguir pisoteando mi autoestima en la ciudad con más número de caras guapas por metro cuadrado del mundo ( además no tengo para comprarme ni siquiera una abrigo de Mango). Claro que frente a mi afanoso poder de autoconvencimiento de que no necesitaba trabajar en la  moda para entenderla, aparecieron otros dos problemas: dos modelos. Bueno, modelos no, aspirantes a modelos y para más INRI, mis compañeros de piso. Una es austriaca, se llama Laura y es tan dulce que una tartaleta de fresa con virutitas de chocolate y espolvoreada con aroma del nenúfar de las hadas mágicas sería una mierda pichada en un palote a su lado. Una auténtica buena persona de las de antes: eso sí, una buena persona que mide 1,80 y pesa 60 kilos ( ahora entenderéis por qué soy bajita y gorda, para este mundo por supuesto porque para el resto estoy estupenda como todas las demás). La pobre empezó en una agencia de Berlín que acababa de abrir y le propusieron ponerla en contacto con otra de aquí de Milán. Aún recuerdo la cara con la que llegó a casa cuando vino de la primera entrevista con ellos: le habían dicho que volviera en tres meses cuando hubiese perdido cinco kilos. Tampoco es que me parezca ningún drama, la moda es así, pero es triste que la chica vaya a sacrificar todo sus erasmus por un sueño que no puede cumplirse y mucho menos en esta ciudad. Y lo digo en serio, no bebe ni una copa de vino por si le engorda. Cuando me preguntó le dije lo que pensaba, que éste era una lugar difícil para ir saltando de cásting en cásting sin un book…pero es su sueño, y lo respeto.

Luego está mi otro compañero de piso: un gay adorable y muy muy alto aunque un poco fofo y también con aspiraciones del tipo “yo no quiero dedicarme profesionalmente a esto, es sólo para ver cómo es el mundo por dentro y hacer contactos”, que es lo que todo el que se cree guapo pero no sabe si hasta el punto de poder sacarle partido profesionalmente le suelta a sus amistades para que éstas le digan : “sí, hombre, para hacer contactos…pero si tú eres el próximo Andrés Velencoso”. Y lo digo porque lo he hecho, sólo que para mí la analogía ya era aplastante desde un principio. Me encantaría poder hablar con ellos sin ofenderlos y decirles que no se dejer engatusar por Milán, que lo que oyen y lo que ven al pasear, toda esa moda desbaratada y desparramada por todas partes no es más que una habitación alborotada de un niño muy caprichoso que siempre promete ordenarla y que nunca lo hace. Que la moda es bella pero frustrante, que tienes que ser el mejor y proponértelo. Pero sobre todo me encantaría poder decirles que para ser modelo hace falta base. Que por desgracia es una de las pocas prfesiones de las que hay que nacer sabiendo porque si no, no te vas a comer un colín, y mucho menos si lo intentas en el horno de leña más grande del mundo del estilo, que no es otro que esta ciudad: Milán.Y sinceramente, ellos no tienen esa base, y aunque la tuvieran no les cogerían en ningún cásting sin un book bien desarrollado. Pero nadie les va a decir eso en sus agencias. Le obligarán a perder peso y a gastarse un pastón en gimnasio sabiendo perfectamente que les contratan porque no les suponen un gasto y siempre vienen bien para un arrglode última hora. Par eso sirven los sueños, los sueños de Laura y losd e muchas otras niñas que llegan a este mundo de la misma forma que llegan a Milán: perplejas y abrumadas por la belleza del glamour y de la estética curvilínea, de los borcados, estampados y tejidos…una quiere formar parte de todo ello y piensa que puede pero lo peor de ser modelo es que no se trata de una ascenso meritorio; por mucho que te esfuerces o que sufras, o por mucho tiempo que te separes de tu familia o de tu pareja nunca será suficiente. A Laura y a Josh ya les han recomendado dejar a un lado las clases si quieren trabajar aquí. Parece todo una broma macabra y aún lo es más cuando les veo planteárselo en serio.

Por eso me alegro de haber llegado a esta ciudad curada de espanto, porque sus calles embrujan y es fácil sucumbir ante la maldita belleza que se extiende por todas partes y que no te deja respirar ni contemplarla con sosiego, como es debido, con pausa, con respeto y con esa distancia necesaria que permite la visión de las cosas buenas antes de que nada ni nadie las envilezca. Así es como intentaré mirar Milán y así os lo contaré

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Aunque pensándolo bien si el cardo borriquero de Tanya Dziahileva es una Top...¿Qué coño sé yo de potencial?