
galleria Vittorio Enmanualle, Milán
Luego está mi otro compañero de piso: un gay adorable y muy muy alto aunque un poco fofo y también con aspiraciones del tipo “yo no quiero dedicarme profesionalmente a esto, es sólo para ver cómo es el mundo por dentro y hacer contactos”, que es lo que todo el que se cree guapo pero no sabe si hasta el punto de poder sacarle partido profesionalmente le suelta a sus amistades para que éstas le digan : “sí, hombre, para hacer contactos…pero si tú eres el próximo Andrés Velencoso”. Y lo digo porque lo he hecho, sólo que para mí la analogía ya era aplastante desde un principio. Me encantaría poder hablar con ellos sin ofenderlos y decirles que no se dejer engatusar por Milán, que lo que oyen y lo que ven al pasear, toda esa moda desbaratada y desparramada por todas partes no es más que una habitación alborotada de un niño muy caprichoso que siempre promete ordenarla y que nunca lo hace. Que la moda es bella pero frustrante, que tienes que ser el mejor y proponértelo. Pero sobre todo me encantaría poder decirles que para ser modelo hace falta base. Que por desgracia es una de las pocas prfesiones de las que hay que nacer sabiendo porque si no, no te vas a comer un colín, y mucho menos si lo intentas en el horno de leña más grande del mundo del estilo, que no es otro que esta ciudad: Milán.Y sinceramente, ellos no tienen esa base, y aunque la tuvieran no les cogerían en ningún cásting sin un book bien desarrollado. Pero nadie les va a decir eso en sus agencias. Le obligarán a perder peso y a gastarse un pastón en gimnasio sabiendo perfectamente que les contratan porque no les suponen un gasto y siempre vienen bien para un arrglode última hora. Par eso sirven los sueños, los sueños de Laura y losd e muchas otras niñas que llegan a este mundo de la misma forma que llegan a Milán: perplejas y abrumadas por la belleza del glamour y de la estética curvilínea, de los borcados, estampados y tejidos…una quiere formar parte de todo ello y piensa que puede pero lo peor de ser modelo es que no se trata de una ascenso meritorio; por mucho que te esfuerces o que sufras, o por mucho tiempo que te separes de tu familia o de tu pareja nunca será suficiente. A Laura y a Josh ya les han recomendado dejar a un lado las clases si quieren trabajar aquí. Parece todo una broma macabra y aún lo es más cuando les veo planteárselo en serio.
Por eso me alegro de haber llegado a esta ciudad curada de espanto, porque sus calles embrujan y es fácil sucumbir ante la maldita belleza que se extiende por todas partes y que no te deja respirar ni contemplarla con sosiego, como es debido, con pausa, con respeto y con esa distancia necesaria que permite la visión de las cosas buenas antes de que nada ni nadie las envilezca. Así es como intentaré mirar Milán y así os lo contaré

Aunque pensándolo bien si el cardo borriquero de Tanya Dziahileva es una Top...¿Qué coño sé yo de potencial?



