Mr Blackwell. Ése es el nombre que ha conseguido poner los pelos de punta de las grandes divas de nuestro tiempo durante los últimos 60 años. Ha muerto a los 86 y no ha dejado títere con cabeza. Describió el estilo de la pretty woman Julia Roberts como “un mezcla de la estética del padrino III a lo arrastrado”. A Diana Ross le dijo que era una “sirvienta”; a Martha Steward, que su vestuario esra como una “página desplegable del anuario de un granjero” y que ver a la gran Ann Magrett, protagonista del film “Tommy”, es como ver a “Marlon Brando en tanga”. Bueno, al menos se libraron de la de Lizz Tailor, a la que insinuó que su culo era como ver a dos niños peleando bajo una sábana.
La modestia no formaba parte de sus virtudes y él mismo lo reconocía en la frase de introducción de su autobiografía: “soy multifacético como un diamante de Cartier, biperino como Noel Coward, volcánico como el Vesubio y por siempre controvertido como París en los años 20″. De hecho, en su última biografía “From rags to bitches” (“de los harapos a las putas”) afirmaba que su máximo objetivo era convertirse a sí mismo en “su máxima creación”, en el rey de las citas “caóticas”, en el “árbitro del buen y del mal gusto”, en la última mezcla de la maldad, el márketing y la atención mediática”.
Pero fue ya en 1960 cuando dio el palo definitivo a las horteras de mundo con su renombrada “lista de las peor vestidas”. Y no es que fuera malo, pero el pobre intentó ya en una ocasión crear una lista de las mejor vestidas con toda su buena intención y sólo provocó bostezos. Pero tampoco es que le extrañara, puesto que ante la desmoralizante noticia sólo pudo decir una cosa: “Normal, al fin y al cabo, ¿quién va a imprimir hoy algo dulce?”. Desde luego él no…y si no que se lo digan a Victoria Beckham, que fue orgullosamente insertada en so top ten de “criaturas monstruosas” calificada de “pequeñito y cortito monstruito”.




